Homilía Domingo Primero de Adviento, Ciclo C


Jesús viene


Introducción:
Todos hemos experimentado, seguramente varias veces en la vida, la alegría que nos causa la visita de una persona amiga. Es una muestra de interés, de amor, de preocupación… Por todo eso, nos pone muy felices sentirnos acompañados, aunque sólo sea un momento. Cuánto más cuando esa visita, viene de lo Alto.

1.      Jesús viene:
Dios, que tanto nos ama y nunca se olvida de nosotros, también nos visita en su Hijo Jesucristo. Su primera venida fue profetizada muchas veces, miles de años antes. “Llegarán los días –oráculo del Señor– en que yo cumpliré la promesa que pronuncié acerca de la casa de Israel y la casa de Judá: En aquellos días y en aquel tiempo, haré brotar para David un germen justo, y él practicará la justicia y el derecho en el país” (Jer 33,14-15). El ciego Bartimeo, reconoce el cumplimiento de dicha promesa en la Persona de Jesús al llamarlo “Hijo de David” (Mc 10,47).
Pero, esta no es la única visita de Dios. También esperamos la segunda venida de Cristo: En medio del caos, del rugir de las olas, del temor de los hombres… “se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria” (Lc 21,27).
Más aún, entre ambas, Jesús sigue viniendo a nuestras vidas. “Dios mismo, al crear al hombre a su propia imagen, inscribió en el corazón de éste el deseo de verlo. Aunque el hombre a menudo ignore tal deseo, Dios no cesa de atraerlo hacia sí, para que viva y encuentre en Él aquella plenitud de verdad y felicidad a la que aspira sin descanso. En consecuencia, el hombre, por naturaleza y vocación, es un ser esencialmente religioso, capaz de entrar en comunión con Dios. Esta íntima y vital relación con Dios otorga al hombre su dignidad fundamental” (CATIC Compendio 2).
Jesús se hace presente, de muchos modos, a lo largo de nuestra vida. Los comunes, a nuestro alcance, son los sacramentos, sobre todo la Santísima Eucaristía. ¡Qué importante es descubrir esa presencia salvadora que nos espera siempre!

2.      Nuestra respuesta:
Ante esto, no podemos ser indiferentes. Dios nos dice:
·         “Tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación” (Lc 21,28).
·         “Estén prevenidos y oren incesantemente” (LC 21,36). Por esto la Escritura nos enseña a orar: “A ti, Señor, elevo mi alma” (Sal 24/25,1); “Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador, y yo espero en ti todo el día” (Sal 24/25,4-5).
·         Que el Señor los haga crecer cada vez más en el amor mutuo y hacia todos los demás, semejante al que nosotros tenemos por ustedes. Que él fortalezca sus corazones en la santidad y los haga irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el día de la Venida del Señor Jesús con todos sus santos” (1Tes 3,12-13).
·         “Hagan mayores progresos todavía” (1Tes 4,1).

3.      El camino del Adviento:
En este sentido, el Adviento es un tiempo especial de preparación: un tiempo para pensar, reflexionar, meditar delante de Dios sobre las venidas de Jesús, pidiéndole estar realmente preparados, para que no pase de largo.
Es importante, poder reconocer humildemente lo que nos falta, admitir que siempre podemos avanzar en el camino del amor de Dios y, por eso, le pedimos a Él nos ilumine para hacer un propósito, algo concreto para cambiar o mejorar en nuestra vida. Que el fin del Adviento no nos encuentre iguales que al comienzo.

Conclusión:
Le ofrecemos a Jesús el mejor pesebre, nuestro corazón, de la mano de la Virgen para que no falte en él, nuestro propósito bien cumplido.