El encuentro con nuestro Salvador
Introducción:
Gran alegría, gran emoción, gran entusiasmo nos embarga
porque los pueblos pueden ver la justicia
de Dios, porque todos pueden observar la salvación (Cf. Is 62,2). Para esto
Dios se ha hecho visible, se ha hecho Emmanuel, es decir, Dios con nosotros
(Cf. 1,23).
Esto es lo que los cristianos celebramos en Navidad: la
cercanía salvadora de Dios, de ese Dios que tan cerca quiso estar de nosotros
que se hizo como nosotros, para que seamos semejantes a Él.
- Jesús, Salvador:
Por esto, el Arcángel San Gabriel mandó a San José poner un
nombre determinado al Niño Dios, pues no podían ponerle cualquier nombre, ya
que este significa la Persona y su misión. Por esto, mandó ponerle “Jesús”, que “quiere decir en
hebreo: "Dios salva"” (CATIC 430).
Dios, al sacar a
Israel con brazo poderoso de Egipto (Cf. Hch 13,17), mostró su deseo salvador
que, no obstante, era más profundo: Dios quería salvar al hombre de sus pecados
y de la eterna condenación (Cf. CATIC 431). Se encarnó el Hijo de Dios, para
cargar con nuestras dolencias, con nuestras miserias y restaurar nuestra
naturaleza dañada por el pecado. Porque si por un hombre desobediente nos vino
la muerte, por un hombre obediente nos viene la vida eterna, es decir, la
salvación.
Y como el pecado
es una ofensa a Dios, sólo Dios podía perdonarlo. Por esto, Dios se hizo
semejante al hombre pecador para que a la vez, sea Dios y sea hombre el que
pudiera salvarnos.
- Una llegada muy importante:
La llegada del Niño Dios, el nacimiento de Jesús tiene una
grandeza especial. Porque si bien nos alegramos ante cualquier nacimiento, si
bien cada niño que llega a este mundo es un bien enorme y un don amoroso de
Dios, la llegada del Salvador nos conmueve mucho más, nos sorprende, nos
encanta, nos fascina, nos deja con la boca abierta…
Porque este nacimiento es, para nosotros, un encuentro muy
especial: Dios se hizo cercano, para que nos encontremos con Él. Así, cada Navidad,
es una ocasión única para ver a este Dios cerca de nosotros, cerca de nuestra
vida, cerca de nuestras cosas… queriendo compartirlas con nosotros, bendecirlas
y ayudarnos a vivirlas bien. Este Niño no trae un pan bajo el brazo, sino todo
un plan de amor para nosotros, una intención de salvarnos, una voluntad de
redimirnos, un propósito de transformar nuestras vidas, transformarlas según su
amor. Él quiere darnos la posibilidad de vivir la alegría del verdadero amor,
de ese amor que lo llevó a hacerse como nosotros y a entregarse por nosotros.
Él quiere encontrarse hoy con nosotros y, por esto, nosotros
nos queremos encontrar hoy con Él. De nuestro cristiano corazón brota el
sencillo suspiro de “Jesús”, es decir, Dios salvador, ven… ven a mí.
- Nuestra respuesta navideña:
Así, esta festividad de la Navidad es una nueva ocasión de
renovar nuestra respuesta. Es el momento de renovar nuestro compromiso de
seguimiento fiel del Señor: y si todavía estamos un poco dispersos, recogernos
un momento para que no se nos escapen estos regalos de Dios; y si no estamos
suficientemente purificados, comprometernos en acercarnos al Sacramento del
Perdón, donde el amor de este Niño Dios nos está esperando; y si estamos
preparando muchas cosas, no olvidar lo más importante: nuestro encuentro con
Dios; y si sabemos que tanto bien hemos recibido del Señor, no podemos dejar
pasar el compartir estos bienes con
los demás (Cf. SAN PÍO X, Catecismo Mayor, Fiestas del
Señor n° 13).
Conclusión:
Así la Navidad no será una fecha más, así la Navidad será
motivo de gran alegría y gozo para nosotros y los que nos rodean, así cada
Navidad será distinta. Por esto pensamos en aquellos que se encontraron con
Jesús, por ejemplo santa Isabel, prima de la Virgen, quien lo llamó “mi Señor”,
cuando recién estaba concebido; pensamos en los pastores que, obedientes al Ángel,
fueron a buscar al recién nacido;
pensamos en los magos orientales que hicieron miles de kilómetros para
encontrarse con el Dios único y verdadero. Así nosotros, junto con María
santísima, queremos encontrarnos con nuestro Salvador.