Homilía por la Sagrada Familia de Nazaret Ciclo B



Sagrada Familia

Eclesiástico 3, 2-6. 12-14; Sal 127, 1-2. 3. 4-5; Colosenses 3,12-21; Lucas 2, 22-40

Introducción:
Los mandamientos, como provenientes de Dios, que es Amor, nos muestran el orden del amor. Por esto están en primer lugar los que se refieren a Él y luego los referidos al prójimo. Pero dentro de este segundo grupo, el primer puesto lo ocupa la familia.

1.       Para la familia, un mandamiento:
En efecto, “el cuarto mandamiento ordena honrar y respetar a nuestros padres”. También se relaciona con “todos aquellos a quienes Dios ha investido de autoridad para nuestro bien” (CATIC Compendio 455).
Pero, además de lo que prescribe de los hijos, también este mandamiento se abre a toda la vida familiar, ya que la familia es el lugar privilegiado para el crecimiento y maduración de toda la personalidad.

2.      Importancia de la familia:
“En el plan de Dios, un hombre y una mujer, unidos en matrimonio, forman, por sí mismos y con sus hijos, una familia. Dios ha instituido la familia y le ha dotado de su constitución fundamental. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos, a la procreación y educación de los hijos… En Cristo la familia se convierte en Iglesia doméstica, porque es una comunidad de fe, de esperanza y de amor” (CATIC Compendio 456).
La familia es la célula original de la sociedad humana y precede a cualquier reconocimiento por parte de la autoridad pública. Los principios y valores familiares constituyen el fundamento de la vida social. La vida de familia es una iniciación a la vida de la sociedad” (CATIC Compendio 457).
La sociedad tiene el deber de sostener y consolidar el matrimonio y la familia, siempre en el respeto del principio de subsidiaridad. Los poderes públicos deben respetar, proteger y favorecer la verdadera naturaleza del matrimonio y de la familia, la moral pública, los derechos de los padres, y el bienestar doméstico” (CATIC Compendio 458).

3.      Escuela de virtudes:
Las tres lecturas de la misa de hoy nos muestran que la familia es un lugar de obras buenas (Cf. Eclo 3,2-6.12-14), de virtudes (Cf. Col 3,12), de crecimiento para todos (Cf. Lc 2,40), para hijos y para padres.
“Los hijos deben a sus padres respeto (piedad filial), reconocimiento, docilidad y obediencia, contribuyendo así, junto a las buenas relaciones entre hermanos, al crecimiento de la armonía y de la santidad de toda la vida familiar. En caso de que los padres se encuentren en situación de pobreza, de enfermedad, de soledad o de ancianidad, los hijos adultos deben prestarles ayuda moral y material” (CATIC Compendio 459).
Por su parte, “los padres, partícipes de la paternidad divina, son los primeros responsables de la educación de sus hijos y los primeros anunciadores de la fe. Tienen el deber de amar y de respetar a sus hijos como personas y como hijos de Dios y proveer, en cuanto sea posible, a sus necesidades materiales y espirituales, eligiendo para ellos una escuela adecuada, ayudándoles con prudentes consejos en la elección de la profesión y del estado de vida. En especial, tienen la misión de educarlos en la fe cristiana” (CATIC Compendio 460). Esto último lo realizan “principalmente con el ejemplo, la oración, la catequesis familiar y la participación en la vida de la Iglesia” (CATIC Compendio 461).

Conclusión:
Pidamos por nuestra familias, por nosotros para que, dando y recibiendo, en la medida de las actuales posibilidades, podamos crecer en el amor que es “el vínculo de la perfección” (Col 3,14).